La tierra en las manos

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La tierra en las manos

¡Papi, atropellaron a mi hermanito!, fueron las palabras que me dijo la de en medio cuando me contaba lo del menor. ¿Era para creerle o para dudar? ¡Corre a la calle no te esperes!, así me gritaba mi conciencia cuando ya lo estaba recibiendo de los brazos de vecino.

Ahí estaba el cachorro, sin otro color en la cara más que los labios blancos y los ojos desorbitados.

-¡Dime donde te duele!

-la, la, la rodilla papi.

-¿puedes moverla?

-no.

-Primero respira tranquilo, relájate, estás bien, déjame verte, acuéstate aquí, no te muevas, tranquilo, aquí esta tu papá, aquí estas tu, estás bien, estás bien…

Cuando me nombraba que la izquierda no le servía para andar, me brincaba el grillo en el pecho y me repetía que era bueno que sólo fuera eso, o que era mala la tierra en las manos, que no era la imagen deliciosa.

-Y, ¿qué paso morena?

-Salió corriendo, no volteó y lo envistió

-¿Dónde está el desgraciado?

-De tonto se esperaba, no lo vi, huyó.

-¿Ya puedes mover la pierna?

-Ya, pero dime, ¿estás enojado?

-No pollito, contigo no.

-Entonces… ¿ya no voy a ir a la fiesta?…

Así pase, de espanto a coraje, de enojo a risa, y me quede en la estación que me acusa e insiste: ¡No eres un buen padre! ¡Eso no le pasaría si hicieras bien lo tuyo! ¿Y los otros cachorros? ¿Sabes que piensan lo mismo? ¡No eres un buen padre! ¡No! ¡No lo eres!

Cuídalos tu, Dios, porque hoy, yo no me siento un buen padre.

Impacientemente espero

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Impacientemente espero.

 

 

Sabiendo como el campo permanece tranquilo aun en sequía, entendiendo que su paciencia tiene la recompensa al finalizar la sed; no comprendo como el mar embravece al sentir encima el choque de gotas dulces que revientan su salada espuma.

 

Pues de igual manera, tengo en mi mente la ecuanimidad de ver pasar minutos convertidos en horas, en días; y también el pensamiento desesperado de no poder conseguir. ¡Pero, bueno! Si el campo bebe y el mar se nutre, ¿seguro estoy que pagada será mi espera? Pesimismo responde un “no”, deseo avisa un “si”, realidad informa un seco “quizás”, y yo, sigo entonces caminando sobre sendero hecho de pasos lentos convertidos en inseguros, que han de llevar a desconocida decisión.

 

Voy entendiendo la molestia del mar, pues a presión contesta con explosión, mas no consigo comprender al campo porque no alcanzo a imitarlo, será porque no tengo su certeza, o tal vez porque no poseo su pasividad o su sapiencia.

 

Veo como Padre Tiempo se acerca y se aleja en el mismo paso, se divierte conmigo cuando pide le llame maestro, si mira contento mis sentimientos de odio cayendo sobre el cada que avanza mi sabiduría; me grito alguna vez que no era su culpa, que solo era así su naturaleza, y que el no podía solucionar mis cuestiones, que no era de el la solución de la traba.

 

Tengo mi solución a medias, cuando recuerdo que la lluvia nunca llega a mí con avisos, amén de que siempre es fría, fuerte y en veces es granizo, entonces, ha de llegar cuando quiera, para que como siempre, llegue el sol portento de divinidades, y termine secando deleites y disfrutes, llevándose todo cuanto  cosechara y pesque, dando la orden antes de irse de agradecerle por no ser mi vida la que con el emigra y mas tarde puede quedarse a la luz de la luna.

 

Si mis palabras lo parecen, aclaro que no son un reclamo, son una tercia de dudas: ¿lloverá en real veracidad? ¿la pesca es en grandes arenques? ó simplemente ¿en mi siembra no habrá cosecha?

 

El viento no me responde nada, solo me trae a empujones una mariposa que en palabras no se quiere ir, pero su vuelo es de salida, huye no sé de que y en su escape suelta en rocío mis dudas y, las deja ahí, talvez volverá por ellas.

 

Esta bien señor tiempo, avísale al sol que espero, pero que tenga en cuenta que esta vez sin mariposa no me quedo. 

 

 

¿TU MI DIOS?

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¿Tu mi dios?

 

 

Otra vez vuelves a mí, sé que en realidad nunca te has ido, pero ya hace mucho tiempo no notaba tu presencia; si bien te he temido mucho tiempo, si bien me temes aun, pero seguimos y juntos acabaremos, mas eres tu quien esta acabando conmigo aunque siento como es grata tu compañía, no dejas de ser compañía y dolor a la vez.

 

Aun recuerdo cuando éramos los más grandes amigos y me encantaba hablar de ti a multitudes e individuos sobre todo cuando más acrecentabas tu sencillez y amabilidad al acompañarme siempre: Cuando lloraba estabas ahí para consolarme, cuando caía estabas ahí para levantarme, cuando sentía desfallecer era tu mano la que me sostenía en pie y cuando sentía la felicidad llegando también eras tú a quien agradecía por hacerme meditar y entender la notoriedad de que tenia que aprovechar esos momentos que no tan fácil volvían porque mas pronto se iban.

 

Pero era gracias a ti que el mundo huía de mí, lo que fue la razón de nuestra pelea irreconciliable, fue culpa tuya que perdiera cordura, que perdiera respeto y lo peor de todo es que también perdiera varias veces el amor. Eso yo no te lo agradeceré, jamás.

 

Todo mundo tiende a agradecerte que le des esto o le concedas aquello, yo soy ingrato, no tengo nada que agradecerte, eres tu quien me tiene que agradecer. ¿A cazo no he sido yo el que te ha hecho publicidad entre tus fieles; que no era yo el ser que te atrajo más adeptos; que no fui yo el que te gustaba oír hablar de ti para engrandecer tu ego? pues es así que digo que eres tú quien más me tiene que agradecer a mí, no yo a ti.

 

¿Blasfemo yo? –si, lo reconozco, mas no veo como me has de condenar después de todo lo que me has quitado, con todo eso, terminas debiéndome mas de lo que podría estar endeudado por no tener respeto a tu divinidad.

 

No me arrepiento de haberte servido, deseo en esto ser correspondido ya que tu también me has servido, pero este odio que te tengo y que sé que también es reciproco, no lo cambio por el mismo amor que nos tenemos el uno por el otro, porque más daño nos ha hecho a ambos el seguir juntos, el andar por los mismos rumbos pero con distintas intenciones.

 

Querías que fuera santo, deseabas que nunca te dejara, pues debes creer una cosa, mi intención es otra.

 

Quédate con tus fieles, déjame con mis ideas, aunque se que no has de dejarme, aunque sé que no puedo dejarte.

 

Esta bien, sigue conmigo hasta el fin aunque no creyendo que eres un dios, porque no eres dios, mas bien eres una diosa, tu, conmigo, soledad.